EL MUNDO ESTÁ LLENO DE IMPOSTORES (Sobre el síndrome del impostor)

El mundo está lleno de impostores. No, no me refiero a los que adoptan las apariencias de otra persona a lo Jim y Dwight de The Office. Tampoco hablo de las personas disfrazadas en los carnavales de Venecia o de los que jugaban al Among Us durante la pandemia. Los impostores modernos están en todos sitios, dentro de la cultura popular y dentro de cada uno de nosotros. Sin darnos cuenta, nos encontramos en una trama en la que los protagonistas se sienten como intrusos en el escenario de sus propias vidas.

Expliquémoslo en forma de obra:

Acto I. La odisea del supermercado

Nuestro protagonista Mike, un comprador promedio, camina por los pasillos del supermercado con un carrito lleno de decisiones cuestionables. Pero, de repente, se siente observado. ¿Realmente merece comprar aguacates si no sabe elegir los maduros?

En esta tragicomedia, la risa surge cuando el protagonista se ve atrapado en un debate interno sobre su capacidad para elegir frutas. Las risas resuenan en la audiencia, identificándose con sus propias experiencias de comprar como si fueran expertos culinarios.

Fin del primer acto.

Entendiendo el síndrome del impostor

Quizás hay momentos en los que tú, al igual que Mike, te sientes un fraude. En tu trabajo, en tus estudios, en tus obligaciones. Si lo paras a pensar fríamente, existen evidencias de que reúnes todos los requisitos para desempeñar la tarea en cuestión. Pero tú sigues creyendo lo contrario. ¿Te pasa? 

El término “síndrome del impostor” se materializó en 1978, cuando Pauline Clance y Suzanne Imes publicaron su libro “The Impostor Phenomenon in High Achieving Women: Dynamics and Therapeutic Intervention”. Según estas autoras, se trata de un fenómeno psicológico caracterizado por la incapacidad para internalizar los logros y por el temor persistente a ser catalogado como un fraude.

¿Cómo salimos de aquí? Continuemos con el segundo acto de nuestra obra:

Acto II. La gran revelación

Mike se encuentra en casa de su amiga Kelly preparando una cena mexicana exquisita. Han traído margaritas, han decorado el salón para la ocasión y han puesto a todo trapo los grandes éxitos de Luis Miguel. Y por supuesto, no puede faltar el guacamole. “Ya me encargo yo”, le dice a su amiga. Abre la nevera, y no es hasta que abre una de las frutas que se da cuenta de que uno de estos aguacates que ha comprado su amiga está inmaduro. 

Un torbellino de emociones recorre la mente de Mike acordándose de ese día lluvioso, de ese martes grisáceo en el Mercadona. Le entran sudores fríos, su corazón se acelera, y le tiemblan las manos de solamente recordar ese momento embarazoso pensando que todos le miraban recoger el aguacate equivocado. Siguiendo los consejos de su coach, intenta dejar este malestar pase. Deja pasar un momento; dos; tres…

Y llegó. La serenidad. La gran revelación: ¡Kelly también se equivoca eligiendo aguacates! 

Quizás Mike no está tan solo en este mundo como pensaba. Quizás todos estamos improvisando en la misma obra caótica y sin sentido. Y eso está bien.

Porque de nuevo, el mundo está lleno de impostores.

Y así, Mike y Kelly comieron un guacamole con algunos tropezones. 

Fin de la obra.

Si sientes que el síndrome del impostor está gobernando tu vida, no dudes en pedir ayuda: info@iluminapsicologia.com

Daniel Rodríguez Flys

Psicólogo colegiado M-35314

¿CÓMO GESTIONAR EL MIEDO EN LOS NIÑOS/AS?

Antes de empezar, comentaremos brevemente sobre las emociones. Hay dos grandes categorías para diferenciar las emociones: emociones primarias o básicas y emociones secundarias o complejas

En este caso, nos vamos a centrar en las emociones básicas (como las que podemos encontrar en la peli INSIDE OUT) que son emociones universales—da igual de qué cultura, país, religión, etcétera seas, porque están presentes en todos los humanos—e incluso en los animales, ya que son las emociones que nos ayudan a sobrevivir y adaptarnos al entorno, además de favorecer relaciones sociales—por eso también son adaptativas y nacemos con ellas. Las emociones básicas son cinco: alegría, tristeza, ira, miedo, asco.

El miedo es una emoción que nos ayuda a la supervivencia, es decir, es lo que nos protege de asomarnos mucho a un precipicio. De esta misma forma, el miedo es una emoción que toma mucho protagonismo desde los dos años aproximadamente, que es cuando los niños empiezan a explorar el mundo que les rodea y a desarrollar el pensamiento abstracto. Es común que surjan miedos a la oscuridad, a la muerte, a monstruos, etc., y es por esto por lo que el post de hoy va sobre cómo gestionar el miedo en los niños/as.

Muchas veces, cuando un niño/a nos comparte que tiene miedo a algo, tendemos a atajarlo desde un punto de vista más racional, olvidándonos de que el miedo es completamente emocional, por lo que “no estamos hablando el mismo lenguaje”. Aquí os damos unas claves para poder acompañar emocionalmente a un niño/a:

  • Validar su emoción. Nosotros también hemos sido niños y hemos vivido e imaginado cosas que no entendemos y que nos han podido asustar, aunque ahora desde la adultez no consideremos que tiene mucha importancia o incluso peligro real. Hazle saber al niño/a que le entiendes, le escuchas y que estas disponible para ayudarle. 

  • Dedícale un espacio y un tiempo para poder hablar de aquello que le asusta y de cómo se siente, todas las veces que lo necesite. Nosotros somos las figuras de seguridad de ellos y es muy importante que crezcan sabiendo que estamos disponibles para ellos y que pueden contar con nosotros cuando lo necesiten. 

  • Trabaja la regulación emocional, tanto la tuya propia como la de los más peques. Cuando somos pequeños dependemos de las figuras de referencia/seguridad que tenemos a nuestro alrededor, ya no solo para las necesidades básicas como alimentación, higiene, etc., sino también para la regulación emocional, puesto que nosotros aprendemos a regularnos desde estas personas referencia (hetero-regulación) y desde ahí aprendemos a auto-regularnos. ¿Cómo crees que te puedes sentir si le cuentas un miedo o inseguridad tuya a tu pareja, madre, padre, hermano/a, y ellos reaccionasen de manera exagerada, catastrofista  o desde la indiferencia?

  • Hablar de las consecuencias que piense que trae ese miedo y aterricemos en la realidad. Es cierto que el miedo utiliza un “lenguaje emocional” pero igualmente los miedos tienden a ser irracionales, por lo que un tip que puede ayudar mucho es “ponernos en la realidad” para calmar y trabajar las consecuencias que este se imagine con el miedo. 

  • Si lo trabajamos desde el juego, una herramienta que les gusta mucho a los más peques, podemos organizar un “plan de ataque” juntos contra ese miedo. Esta es una etapa más creativa con la que podéis pasar tiempo juntos y divertiros. Por ejemplo,  poner una lucecita para dormir, utilizar un peluche/juguete que para ellos sea protector, dibujar el miedo y ponerle una forma, un color, un nombre e identificar sus puntos débiles.

No dudes en pedir ayuda si no puedes solo: info@iluminapsicologia.com

Marta Gómez Carballo

Psicóloga colegiada M-36204