DISTORSIONES COGNITIVAS EN NIÑOS

  • Los padres de María se van a divorciar. María piensa: “es por mi culpa, si me hubiese portado bien esto no hubiese pasado”.
  • Pablo tiene una presentación en clase y piensa: “lo voy a hacer fatal, todos se reirán de mí”. 
  • La madre de Pedro ha llegado a casa agotada después de un día largo de trabajo. Pedro piensa: “no quiere pasar tiempo conmigo”.
  • Víctor se ha lesionado y no podrá jugar fútbol por un tiempo. Piensa: “esto es lo peor del mundo, odio mi vida”.

Estos son algunos ejemplos de distorsiones cognitivas que pueden presentar los más peques. Son patrones de pensamiento erróneos que afectan la forma en la que se interpreta la realidad.

Es normal tener este tipo de pensamientos de vez en cuando. Sin embargo, si es algo habitual, puede tener un impacto negativo a nivel emocional y de autoestima. 

Distorsiones más comunes que pueden presentar los niños: 

  • Abstracción selectiva o filtro: Focalizar la atención en los aspectos negativos de una situación, dejando por fuera otros aspectos importantes (por ejemplo, un niño se centra sólo en los errores que cometió en su presentación, ignorando todo lo que hizo bien).
  • Pensamiento dicotómico: implica pensar en términos de “todo o nada”, es decir, ver las situaciones en extremos, sin tener en cuenta puntos intermedios (“si no obtengo un 10 en el examen será un fracaso”).
  • Sobregeneralización: extraer conclusiones generales a partir de un solo evento (“nunca me sale nada bien”).
  • Lectura del pensamiento: asumir que saben lo que piensan los demás (“deben pensar que soy tonta”).
  • Visión Catastrófica: tendencia a esperar lo peor en cualquier situación (“no voy a ser capaz”).
  • Personalización: verse a sí mismo como responsable de acontecimientos externos que son incontrolables (“es por mi culpa”).

Este tipo de pensamientos puede producir mucho malestar e influir en su comportamiento y la forma de enfrentar las situaciones del día a día. Por tanto, abordarlos desde la infancia puede ser beneficioso para conseguir un mejor ajuste psicológico y social en la adultez.

En terapia, podemos ayudar dotando a los niños de estrategias que les permitan desarrollar una visión más equilibrada y realista de sí mismos, de los demás y del mundo que les rodea. 

Si necesitas ayuda, no dudes en contactarnos: info@iluminapsicologia.com

Mª Gabriela Palma

Psicóloga Sanitaria M-40285

Emociones

Conociendo las emociones

Las emociones son sensaciones que nos indican cómo nos sentimos con respecto al mundo, en nuestras relaciones, con nosotros mismos… Son innatas, espontaneas e incontrolables. Nos vienen al cuerpo de forma impulsiva y nos informan de lo que necesitamos para nuestro bienestar. 

Cada una nos da una información concreta. El miedo nos habla de que un peligro nos acecha, la tristeza de que algo importante hemos perdido. También nos llevan a tener respuestas automáticas, la huida como seguridad ante el miedo, o rechazar aquello que nos produce asco. Es decir, respondemos a señales del entorno que nos indican peligro, alivio, o pérdida. 

¿Qué funciones cumplen las emociones en nuestra vida?

  • Son señales para nosotros mismos, sobre lo que nos ocurre. 
  • Nos preparan para la acción: el enfado para defendernos. 
  • Vigilan el estado de nuestras relaciones: nos separamos del otro cuando nos sentimos ofendidos. 
  • Evalúan si las cosas van bien: si nos estamos sintiendo frustrados por no llegar a nuestras metas. 
  • Sirven de señales para los demás: informan al otro del estado en el que nos encontramos. 

¿Qué podemos hacer para beneficiarnos de las emociones?

En primer lugar, identificar de qué tipo de emoción se trata y, en segundo lugar, para qué sirve. Las emociones pueden ser: 

  • Emoción primaria adaptativa: 

Aquellas respuestas viscerales a situaciones. Son los primeros sentimientos, el enfado ante el agravio, la tristeza ante la pérdida o el miedo ante el peligro. El obstáculo para llegar a ellas son las emociones secundarias, o defensivas, así como los sentimientos instrumentales. Su función es en si misma la adaptación al entorno de manera funcional, sana.

  • Emoción primaria desadaptativa: 

Aquellas que emergen cuando nuestro sistema emocional no tiene un buen funcionamiento y que vienen de un sentimiento de malestar crónico. Se basan en un aprendizaje previo. La vergüenza de sentir que uno no es amado, valioso o bueno, la tristeza de sentirse solo o con carencias, la ansiedad de sentirse inadecuado o inseguro, o la rabia de sentirse tratado injustamente. Son sentimientos que nos desorganizan, que se mantienen en el tiempo a pesar de que la situación que los provocó ya no existe. A veces tienen que ver con un aprendizaje traumático. 

Son desadaptativas en el sentido en que nos ayudaron en su momento a salir airosos de la situación, pero en el presente nos obstaculizan para identificar las señales del entorno de manera adecuada. Por ejemplo, un veterano de guerra que cada vez que escucha petardos en las ferias vuelve a sufrir el miedo y la angustia que vivió cuando los disparos en una batalla. 

  • Emoción secundaria: 

Son aquellas que responden a un sentimiento o pensamiento más primario. El problema es que ocultan lo que estás sintiendo en lo más profundo. Por ejemplo, responder con tristeza encubriendo un gran enfado, como ocurre con las mujeres que han sido educadas en la sumisión. O también, responder con enfado ante situaciones de peligro, escondiendo el miedo, como ocurre con los hombres a los que se les enseñó que debían ser fuertes.

  • Emoción instrumental: 

Aquellas que expresas creyendo que el entorno reaccionará de la manera en que aprendiste que lo haría. Es decir, utilizas estas emociones por el beneficio que te aportan. Por ejemplo, expresar lágrimas porque aprendiste que así las personas se acercaban a ti, o enfadarte porque viste que así intimidabas. Son emociones que se expresan con el objetivo de alcanzar una meta, y que muchas veces ayudan a no tener que nombrar aquello que necesitamos porque ya lo conseguimos a través de ellas. 

Si quieres aprender a identificar tus emociones y la función que están cumpliendo en tu vida, ponte en contacto con nosotros: info@iluminapsicologia.com

Laura Villa Manzano

Psicóloga colegiada M-36481

“SOLO QUIERO LLORAR, ME SIENTO TRISTE»

Cómo nos afecta el Blue Monday, el día más triste del año

Navidad, esa época mágica, llena de felicidad, momentos en familia con reencuentros emocionantes y donde los sueños se hacen realidad.

¿Te suena de algo?

Pues déjame decirte que la realidad de las Navidades es otra muy diferente. Suele ser una época de mucho estrés y excesos: regalos, comida, organización, compromisos sociales… Hay personas que no tienen buenas relaciones familiares, otras que tienen a una persona cercana padeciendo una enfermedad y otras están viviendo por primera vez las consecuencias de las sillas vacías. Es una época donde la ausencia, el dolor y el conflicto se hacen notables y esto puede generar mucha discrepancia con la expectativa inicial, con lo que nos han enseñado que tiene que ser la Navidad.

Por añadidura, llega el fin de año y la entrada del nuevo, donde nos bombardean a objetivos y propósitos para cumplir, “año nuevo vida nueva”. Cuando la realidad es que es muy difícil cambiar una vida entera en un día. Todo esto es un cocktail que puede hacerte sentir enfadado, frustrado, solo, triste o con muchas ganas de llorar. De aquí que exista el famoso “Blue Monday”, o el día más triste del año. 

La tristeza es una emoción importantísima para el ser humano (todas lo son), esta nos ayuda a aceptar las pérdidas y poder seguir vinculándonos de manera adaptativa con la vida y con las personas a nuestro alrededor. La pérdida puede ser de una persona, de un trabajo, de una mascota o también al ver que unas expectativas que nos habíamos propuesto no se van a cumplir. 

La tristeza es como un bálsamo para las heridas, quizá cuando te lo eches pueda doler un poco, pero hará que cicatricen con mayor brevedad y luego te ayudará a recordar esa situación dolorosa con un tinte positivo. Por eso, esta entrada de blog no va destinada a que evites esos sentimientos o sensaciones negativas, mi recomendación es que dediques tu energía a abrazarla, sentirla y gestionarla. Es una oportunidad muy buena para aceptar la tristeza y aprender de ella. 

Aquí te dejo unas pequeñas recomendaciones para ayudarte a afrontar mejor esta época:

  1. Pon el foco en ti. Antes de dejarte llevar por esa foto en Instagram de tu compañero de trabajo en el viaje de su vida a Maldivas por Navidad, te invito a que te centres en tu vida, en esos pequeños logros y alegrías tuyas del día a día. 
  2. Fomenta la paciencia contigo mismo. Después de una época de excesos, el cuerpo necesita un tiempo para que, de forma natural, vuelva a los niveles anteriores. No hace falta hacer ningún esfuerzo extra. 
  3. También fomenta la compasión hacia ti mismo. Está súper bien proponerse retos o metas para motivarte, pero esto no implica que tengas que cumplirlos a raja tabla, recuerda que cada persona es un mundo. 
  4. Descubre una manera de exteriorizar esas emociones. Puede ser de manera artística, escribiendo o hablando con una persona que sabes que te escucha o la mejor forma de sacar la tristeza: llorar.
  5. Ratitos de soledad, ratitos en compañía. Aceptar la tristeza no implica aislarte del mundo, por ello son tan importantes los ratos de reflexión en solitario como rodearte de personas de confianza. Si te sientes solo o triste, permítete sentir esas emociones y después busca pasar momentos sociales de calidad.

Y sobre todo, recalco, cada persona es un mundo e incluso estas recomendaciones no tienen por qué ser para ti.

A veces la tristeza es una emoción que puede generar mucho miedo y no es tan fácil como parece gestionarla. Si ese es tu caso, y te sientes triste y sola, aquí estamos para acompañarte si lo necesitas: info@iluminapsicologia.com

Esther Gutiérrez Marín

Psicóloga colegiada M-35373

solo quiero llorar me siento triste y solo

¿CÓMO GESTIONAR EL MIEDO EN LOS NIÑOS/AS?

Antes de empezar, comentaremos brevemente sobre las emociones. Hay dos grandes categorías para diferenciar las emociones: emociones primarias o básicas y emociones secundarias o complejas

En este caso, nos vamos a centrar en las emociones básicas (como las que podemos encontrar en la peli INSIDE OUT) que son emociones universales—da igual de qué cultura, país, religión, etcétera seas, porque están presentes en todos los humanos—e incluso en los animales, ya que son las emociones que nos ayudan a sobrevivir y adaptarnos al entorno, además de favorecer relaciones sociales—por eso también son adaptativas y nacemos con ellas. Las emociones básicas son cinco: alegría, tristeza, ira, miedo, asco.

El miedo es una emoción que nos ayuda a la supervivencia, es decir, es lo que nos protege de asomarnos mucho a un precipicio. De esta misma forma, el miedo es una emoción que toma mucho protagonismo desde los dos años aproximadamente, que es cuando los niños empiezan a explorar el mundo que les rodea y a desarrollar el pensamiento abstracto. Es común que surjan miedos a la oscuridad, a la muerte, a monstruos, etc., y es por esto por lo que el post de hoy va sobre cómo gestionar el miedo en los niños/as.

Muchas veces, cuando un niño/a nos comparte que tiene miedo a algo, tendemos a atajarlo desde un punto de vista más racional, olvidándonos de que el miedo es completamente emocional, por lo que “no estamos hablando el mismo lenguaje”. Aquí os damos unas claves para poder acompañar emocionalmente a un niño/a:

  • Validar su emoción. Nosotros también hemos sido niños y hemos vivido e imaginado cosas que no entendemos y que nos han podido asustar, aunque ahora desde la adultez no consideremos que tiene mucha importancia o incluso peligro real. Hazle saber al niño/a que le entiendes, le escuchas y que estas disponible para ayudarle. 

  • Dedícale un espacio y un tiempo para poder hablar de aquello que le asusta y de cómo se siente, todas las veces que lo necesite. Nosotros somos las figuras de seguridad de ellos y es muy importante que crezcan sabiendo que estamos disponibles para ellos y que pueden contar con nosotros cuando lo necesiten. 

  • Trabaja la regulación emocional, tanto la tuya propia como la de los más peques. Cuando somos pequeños dependemos de las figuras de referencia/seguridad que tenemos a nuestro alrededor, ya no solo para las necesidades básicas como alimentación, higiene, etc., sino también para la regulación emocional, puesto que nosotros aprendemos a regularnos desde estas personas referencia (hetero-regulación) y desde ahí aprendemos a auto-regularnos. ¿Cómo crees que te puedes sentir si le cuentas un miedo o inseguridad tuya a tu pareja, madre, padre, hermano/a, y ellos reaccionasen de manera exagerada, catastrofista  o desde la indiferencia?

  • Hablar de las consecuencias que piense que trae ese miedo y aterricemos en la realidad. Es cierto que el miedo utiliza un “lenguaje emocional” pero igualmente los miedos tienden a ser irracionales, por lo que un tip que puede ayudar mucho es “ponernos en la realidad” para calmar y trabajar las consecuencias que este se imagine con el miedo. 

  • Si lo trabajamos desde el juego, una herramienta que les gusta mucho a los más peques, podemos organizar un “plan de ataque” juntos contra ese miedo. Esta es una etapa más creativa con la que podéis pasar tiempo juntos y divertiros. Por ejemplo,  poner una lucecita para dormir, utilizar un peluche/juguete que para ellos sea protector, dibujar el miedo y ponerle una forma, un color, un nombre e identificar sus puntos débiles.

No dudes en pedir ayuda si no puedes solo: info@iluminapsicologia.com

Marta Gómez Carballo

Psicóloga colegiada M-36204

¿Es bueno aburrirse?

Ilumina Psicología

¿Aburrirse es beneficioso o perjudicial para nosotros? ¿Te aburres a menudo? ¿Qué es lo que haces cuando te aburres?

El aburrimiento es un estado que tiende a percibirse como desagradable y que intentamos evitar por todos los medios. Actualmente es sencillo llenar nuestro tiempo con smartphones, ordenadores, televisiones, etc. ¿Cuánto tiempo al día pasas sin hacer realmente nada?

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