¿Soy un buen padre?

En la licenciatura/grado de Psicología y en otras afines nos enseñan teorías relacionadas con la crianza, como lo importante que es el primer año de vida del niño y el contacto con sus padres y cómo eso puede afectar en su desarrollo futuro. Pero, ¿estamos preparados para ser padres en la sociedad actual? ¿Sabemos ser un “buen padre o madre”? He de reconocer que yo soy la primera que he de contestar que no. A pesar de ser psicóloga y conocer recursos, las emociones que tenemos vinculadas a los hijos, no facilitan que seamos “asépticos” y hagamos lo que se supone que debemos hacer respecto a su educación, generándonos mucha inseguridad y ansiedad, planteándonos un continuo conflicto acerca de la educación de nuestros hijos, ya que queremos hijos independientes, responsables, con autoestima, pero también pretendemos controlar el uso correcto de su tablet, móvil, los deberes y que, además, nos hagan caso y, por supuesto, nos quieran. 

¿Existen recetas para educar? ¿Cómo conjugamos teoría y práctica?

Los padres son agentes de cambio ya que en la relación con sus hijos les enseñan estrategias para promover su salud, prevenir y solucionar problemas de comportamiento y facilitarles la socialización.

La familia es el primer y más importante contexto social, cultural e interpersonal que tiene nuestros hijos. Las relaciones familiares, por este motivo, se pueden convertir en un factor de riesgo si están deterioradas, mientras que, si son positivas, se pueden convertir en un factor de protección dada la sociedad cambiante en la que vivimos en la que todo se produce rápido y, lo que ahora nos sirve, dentro de un minuto ya no. 

Los padres tienen que procurar que la relación con sus hijos se produzca dentro del rol del cuidador en el que se cumplan las siguientes características:

  • Una familia segura y comprometida: fomentaremos un ambiente que ofrezca oportunidades para jugar, dialogar, equivocarse y experimentar.
  • Aprendizaje familiar positivo: Padres y madres pueden responder de forma positiva y constructiva en las interacciones con los hijos. De este modo facilitarán que sus hijos generen la solución para sus problemas. ¿Cómo? Descomponiendo sus habilidades complejas en pasos más sencillos como, por ejemplo: “Pregunta”, “Di”, “Actúa”
  • Utilizar la disciplina asertiva: esta disciplina es menos coercitiva y más eficaz usando: límites, responsabilidades, normas, reglas básicas, hacer peticiones, tiempo de reflexión, etc. O como decía mi madre: “dos no discuten si uno no quiere”.
  • Promover expectativas realistas: los padres han de explorar cuáles son las creencias y suposiciones que tienen sobre el comportamiento de sus hijos.  Qué esperan evolutivamente en el desarrollo de sus hijos y qué se desvía de lo considerado “normal”.
  • A de Autocuidado: Sí, habéis leído bien. Los padres y madres por el hecho de serlo no dejamos de ser personas con inquietudes e intereses. La educación que ejercemos los padres sobre nuestros hijos está directamente influenciada por factores que inciden en nuestra autoestima, eficacia, y sensación de bienestar y se conecta en las interacciones con nuestros hijos. No vamos a reaccionar igual ante una rabieta de nuestro hijo si hemos tenido un buen día de trabajo o si nuestro día ha sido un desastre, por ejemplo.  Es importante que los padres y madres dediquen un tiempo a conversar, a explorar lo que les gusta como personas, aprender a regular sus emociones y seguir cultivándose independientemente de sus hijos. Y prevenir, mediante el uso de estrategias adecuadas, el afrontamiento del estrés, la ansiedad o la ira.

María José Rebollo

Psicóloga colegiada M-14839

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