COVID 19: RECOMENDACIONES PSICOLÓGICAS PARA AFRONTAR LA INCERTIDUMBRE Y EL AISLAMIENTO

Teresa Sánchez

Nos enfrentamos a una situación mundial sin precedentes conocidos. Una situación, además, que puede llegar a poner en riesgo la vida de las personas. Una situación que va cambiando día a día y que nos hace imposible predecir qué va a pasar o cuándo va a terminar. Además del desafío para el sistema sanitario y para la economía mundial, el coronavirus pone a prueba nuestra fortaleza psicológica para enfrentarnos a lo que está sucediendo en el mundo.

Hay personas que niegan la importancia de la pandemia y siguen haciendo su vida habitual. Otras experimentan ansiedad y miedo, se auto observan en busca de síntomas, que muchas veces aparecen y son psicosomáticos, o no paran de buscar información en los diferentes medios sobre el virus. Otras piensan que no les va a afectar a ellas y ponen sus necesidades personales por encima de las de la sociedad. 

Hoy, más que nunca, es necesario tomar conciencia de que somos una unidad, de que lo que hagamos cada uno nos afecta a todos, y ser responsables, no solo por nosotros, sino por el resto de la humanidad. 

Pero, ¿cómo afrontamos nuestras emociones y preocupaciones que surgen cuando la ansiedad y el miedo nos invaden? ¿Cómo gestionamos la desesperación de pasar días encerrados en casa, solos o con nuestras familias, sin saber muy bien qué hacer? ¿Cómo hacemos para asumir el cambio en nuestras rutinas y la ruptura de los planes que teníamos organizados?

Lo primero, es importante tener presente el objetivo final de quedarnos en casa: lo hacemos por un bien común, es importante lo que hacemos cada uno, somos importantes y la humanidad nos necesita para cumplir esta misión. No es banal que me lo salte. No podemos pensar que lo tienen que hacer los demás y nosotros no. Todos importamos. Lo que tú hagas importa. Sí, tú. Eres responsable.

Una vez lo tengamos bien presente, tenemos que preparar una rutina para estos días. Las crisis son también oportunidades y ahora tenemos una muy buena para hacer cosas que normalmente no tenemos tiempo para hacer:

  • Estar con la familia y con nosotros mismos
  • Hacer tareas de casa pendientes, como limpiar u ordenar armarios
  • Leer, escribir, pintar, escuchar música, bailar…
  • Pasar tiempo con nuestros hijos y jugar a los juegos de siempre
  • Hablar por teléfono con amigos y cuidarnos entre nosotros
  • Hacer ejercicio físico en casa
  • Meditar

Cuidarnos, porque hablan de que esta es una crisis de cuidados. Es una crisis de no preocuparnos porque el virus solo afecta a los mayores. Es una crisis de no saber qué hacer 24 horas con nuestros hijos en casa. Es la crisis de los besos y los abrazos. Es la crisis de la responsabilidad.

Tenemos que cuidar también nuestros pensamientos y nuestra higiene. Y con higiene no solo me refiero al lavado de manos. Estoy hablando de autocuidado, de hábitos de higiene mental. Estoy hablando de vigilar lo que pensamos y lo que nos decimos a nosotros mismos. De ser conscientes de lo que nos hace mal y no hacerlo. Por ejemplo, si ver demasiadas noticias sobre el coronavirus nos genera ansiedad, detectarlo y dejar de hacerlo. De planificar en nuestras rutinas actividades que sepamos que nos benefician, ya sea física, como el deporte, o emocionalmente, como aquellas que nos hacen sentirnos bien.

¿Y las preocupaciones? Estamos en un escenario en el que preocuparse entra dentro de lo racional. Es algo nuevo, incierto, que no sabemos a dónde nos va a llevar. Nos genera miedo. Y está bien, porque el miedo nos ayuda a protegernos. Nos hace acordarnos de lavarnos las manos, de evitar aglomeraciones, de seguir las recomendaciones sanitarias. Sin miedo nos expondríamos innecesariamente a situaciones de riesgo y, recordemos, no solo nos expondríamos a nosotros, sino a muchas personas más a las que podríamos contagiar. 

Aunque nos ayuda, no podemos dejar que nos invada y se intensifique hasta tal punto que actuemos con pánico o que el miedo nos paralice. Tenemos que apelar a nuestra racionalidad, a pensamientos que nos tranquilicen, a valorar cada riesgo en su justa medida y a responsabilizarnos de nuevo, tomando medidas para minimizarlos dentro de lo que esté en nuestra mano. Es importante tener un espacio para hablar o escribir sobre ello. Situaciones relacionadas con la muerte, propia o de nuestros allegados, pueden crear un trauma que nos condicione en nuestra vida futura.

Si aún tomando estas medidas sentimos que necesitamos ayuda para sobrellevar esta situación, en Ilumina Psicología prestamos atención psicológica on line para que puedas higienizar tus pensamientos y emociones desde tu casa. Para solidarizarnos con las personas a las que la pandemia está ocasionando más problemas y sufrimiento, ofrecemos un 20% de descuento sobre los precios habituales mientras dure esta situación.

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