¿CÓMO GESTIONAR EL MIEDO EN LOS NIÑOS/AS?

Antes de empezar, comentaremos brevemente sobre las emociones. Hay dos grandes categorías para diferenciar las emociones: emociones primarias o básicas y emociones secundarias o complejas

En este caso, nos vamos a centrar en las emociones básicas (como las que podemos encontrar en la peli INSIDE OUT) que son emociones universales—da igual de qué cultura, país, religión, etcétera seas, porque están presentes en todos los humanos—e incluso en los animales, ya que son las emociones que nos ayudan a sobrevivir y adaptarnos al entorno, además de favorecer relaciones sociales—por eso también son adaptativas y nacemos con ellas. Las emociones básicas son cinco: alegría, tristeza, ira, miedo, asco.

El miedo es una emoción que nos ayuda a la supervivencia, es decir, es lo que nos protege de asomarnos mucho a un precipicio. De esta misma forma, el miedo es una emoción que toma mucho protagonismo desde los dos años aproximadamente, que es cuando los niños empiezan a explorar el mundo que les rodea y a desarrollar el pensamiento abstracto. Es común que surjan miedos a la oscuridad, a la muerte, a monstruos, etc., y es por esto por lo que el post de hoy va sobre cómo gestionar el miedo en los niños/as.

Muchas veces, cuando un niño/a nos comparte que tiene miedo a algo, tendemos a atajarlo desde un punto de vista más racional, olvidándonos de que el miedo es completamente emocional, por lo que “no estamos hablando el mismo lenguaje”. Aquí os damos unas claves para poder acompañar emocionalmente a un niño/a:

  • Validar su emoción. Nosotros también hemos sido niños y hemos vivido e imaginado cosas que no entendemos y que nos han podido asustar, aunque ahora desde la adultez no consideremos que tiene mucha importancia o incluso peligro real. Hazle saber al niño/a que le entiendes, le escuchas y que estas disponible para ayudarle. 

  • Dedícale un espacio y un tiempo para poder hablar de aquello que le asusta y de cómo se siente, todas las veces que lo necesite. Nosotros somos las figuras de seguridad de ellos y es muy importante que crezcan sabiendo que estamos disponibles para ellos y que pueden contar con nosotros cuando lo necesiten. 

  • Trabaja la regulación emocional, tanto la tuya propia como la de los más peques. Cuando somos pequeños dependemos de las figuras de referencia/seguridad que tenemos a nuestro alrededor, ya no solo para las necesidades básicas como alimentación, higiene, etc., sino también para la regulación emocional, puesto que nosotros aprendemos a regularnos desde estas personas referencia (hetero-regulación) y desde ahí aprendemos a auto-regularnos. ¿Cómo crees que te puedes sentir si le cuentas un miedo o inseguridad tuya a tu pareja, madre, padre, hermano/a, y ellos reaccionasen de manera exagerada, catastrofista  o desde la indiferencia?

  • Hablar de las consecuencias que piense que trae ese miedo y aterricemos en la realidad. Es cierto que el miedo utiliza un “lenguaje emocional” pero igualmente los miedos tienden a ser irracionales, por lo que un tip que puede ayudar mucho es “ponernos en la realidad” para calmar y trabajar las consecuencias que este se imagine con el miedo. 

  • Si lo trabajamos desde el juego, una herramienta que les gusta mucho a los más peques, podemos organizar un “plan de ataque” juntos contra ese miedo. Esta es una etapa más creativa con la que podéis pasar tiempo juntos y divertiros. Por ejemplo,  poner una lucecita para dormir, utilizar un peluche/juguete que para ellos sea protector, dibujar el miedo y ponerle una forma, un color, un nombre e identificar sus puntos débiles.

No dudes en pedir ayuda si no puedes solo: info@iluminapsicologia.com

Marta Gómez Carballo

Psicóloga colegiada M-36204

TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

 ¿Qué es la frustración? Si buscamos en el diccionario nos salen dos definiciones:

1. La imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo;

2. Un sentimiento de tristeza, decepción y desilusión que esta imposibilidad provoca. 

Es por esto que la frustración, como tal, no es una emoción por sí misma, sino que es un conjunto de emociones desagradables – que no negativas – donde podemos encontrar  tristeza, ansiedad, ira,  asco o, incluso, miedo. De todos modos, aunque lo que experimentamos cuando sentimos frustración sea desagradable para nosotros, sentir frustración es sano, puesto que todas las emociones que sentimos tienen un para qué y nos ayudan a adaptarnos a nuestro entorno. Se convierte en un problema cuando no sabemos gestionarla y dejamos que nos controle, por eso, en el post de hoy hablamos de la tolerancia a la frustración.

La frustración es un conjunto de emociones que experimentamos desde que somos pequeños – por ejemplo cuando pedimos algo y nos dicen “no” – y a lo largo de toda nuestra vida – cuando, por ejemplo, no nos sale lo que teníamos planeado. Está relacionada con la gestión de las emociones y la interpretación de lo que nos pasa.

Y ahora te preguntarás, ¿qué puedo hacer para aumentar la tolerancia? 

  1. Ponte metas y objetivos realistas: muchas veces la frustración puede surgir porque nos marcamos metas que son, prácticamente, inalcanzables y no llegamos a cumplir las expectativas que tenemos.
  2. Divide el camino hasta la meta en pequeños pasos: ayudará a que  las expectativas sean más realistas y podamos ir avanzando poco a poco en el proyecto sin saturarnos y cumpliendo objetivos.
  3. Reconoce los errores y los pensamientos dañinos: muchas veces nosotros mismos somos nuestro peor enemigo y nuestros mayores críticos. No dejes que los pensamientos negativos sobre ti mismo/misma te dominen.
  4. Ten flexibilidad durante el proceso: es normal que surjan imprevistos que puedan bloquearnos.

Si eres padre o madre y te cuesta gestionar tu frustración, lo más probable es que te sea difícil acompañar emocionalmente a tus hijos cuando tengan rabietas, enfados o cuando las cosas no sean como ellos esperan. 

Próximamente publicaremos otro post enfocado a ayudar a los niños a gestionar su frustración aunque, no olvides que, lo más importante es que sepas gestionar la tuya propia. 

No dudes en pedir ayuda si no puedes solo: info@iluminapsicologia.com

Marta Gómez Carballo

Psicóloga colegiada M-36204

Cuídate para lo que viene

Porque cuando atravesamos una situación difícil, nos ponemos en modo supervivencia y vamos aguantando. Y, sin embargo, cuando pasa nos viene todo encima, nos quedamos sin energía, nos da «el bajón».

Y, cuando la pandemia y lo que conlleva pase, no sabemos si todos los momentos difíciles de tantos meses nos van a pesar y aplastar y, por si esto nos pasa, quiero que te cuides, que te prepares, que tengas herramientas.

Y que, ahora, mientras esto dura, no aguantes porque «puedes con todo».

Quiero que te observes, que detectes lo que necesitas, que mimes tus pensamientos y atiendas tus emociones.

Que sepamos ver lo duro de la situación que estamos viviendo. Todos. Que no todo son terrazas y fiestas clandestinas. Que por dentro nos pasan muchas cosas.

Y, por eso, quiero que te cuides para lo que está, y para lo que viene.

Ilumina Psicología

¿Qué es el Síndrome de Asperger?

Ilumina Psicología

El síndrome de Asperger (en adelante, SA) se refiere a un conjunto de alteraciones cognitivas y comportamentales que suelen aparecer de forma combinada y que se refieren a tres áreas principalmente: lenguaje, interacción social e imaginación [7]. Las primeras referencias escritas de este síndrome datan de 1944, cuando el médico vienés Hans Asperger describió a un conjunto de niños que presentaban características peculiares [1]. Este trastorno quedó en el olvido hasta que, en 1981, Lorna Wing, volvió a hacer referencia a un cuadro clínico similar al descrito hacía casi cuatro décadas, dándole el nombre de síndrome de Asperger [7]. 

Características clínicas

El SA se caracteriza en lo cognitivo por una inteligencia igual o superior a la media, según los test estandarizados habituales. Sin embargo, estas personas presentan problemas en el funcionamiento ejecutivo, más específicamente para la planificación, flexibilidad mental y auto-monitorización [2]. En el ámbito social las dificultades son importantes, observándose una incapacidad para comprender y aprender espontáneamente las reglas sutiles del funcionamiento social. Respecto al lenguaje, formalmente es adecuado pero sus aspectos pragmáticos están llamativamente alterados (por ejemplo, la comprensión de lenguaje no literal, como metáforas o frases hechas, conlleva una gran dificultad para las personas con SA). Otros aspectos de la comunicación también presentan problemas, como las habilidades conversacionales, la entonación del habla o la comunicación no verbal.

¿Cómo diferenciar el asperger del autismo?

Existe un debate sobre la diferenciación del SA de otros trastornos del espectro autista (TEA) con alto rendimiento funcional. Los TEA, definidos por primera vez por Leo Kanner en 1943 y ubicados en un continuo de alteraciones a partir del trabajo de Wing y Gould en 1979 [8], se caracterizan por déficits en tres áreas nucleares: relaciones sociales, comunicación y lenguaje y flexibilidad social y comportamental [6]. Este debate se refleja en los principales manuales diagnósticos. Así, el DSM-IV-TR (2002) diferenciaba entre el cuadro denominado trastorno autista y el SA, incluyendo este como una entidad nosológica propia dentro de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD).

Clasificaciones diagnósticas

El DSM-IV-TR definía el SA como un trastorno caracterizado por una alteración cualitativa de la interacción social, patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados, en ausencia de un retraso clínicamente significativo del lenguaje, intelectivo o de las habilidades de autoayuda, las conductas adaptativas y la curiosidad propia de la edad [5]. La principal distinción que establecía entre SA y los llamados autistas de alto funcionamiento o AAF era la ausencia de retrasos “precoces” clínicamente significativos en las habilidades cognoscitivas y en el desarrollo del lenguaje en las personas con SA (aunque sí se han detectado alteraciones pragmáticas y prosódicas). Así, mientras sólo un 25% de las personas con trastorno autista obtienen resultados dentro del rango considerado normal en pruebas de inteligencia (los casos de AAF), todos los casos de SA se acompañan de rendimiento normal en pruebas de funcionamiento intelectual [6]. El manual diagnóstico de la Organización Mundial de la Salud, el CIE 10 (1992) propone una clasificación similar. La más reciente versión del DSM (DSM-V, 2013) incluye el SA dentro de los TEA por considerar que los resultados de las investigaciones no apoyan su diferenciación como entidad clínica propia. De hecho, los estudios que se han realizado han ofrecido resultados muy dispares, complicados por la utilización de criterios diversos para definir los grupos diagnósticos. En la actualidad el debate sigue abierto y hay una ausencia de consenso profesional sobre el tema [3]. 

Perfil anatómico

Desde el punto de vista anatómico y funcional no se han encontrado datos concluyentes que demuestren un perfil de alteraciones distintivo del SA. En estudios de neuroimagen o post mortem se han hallado diferencias morfológicas, como un mayor volumen de la sustancia gris y blanca, especialmente en áreas frontales, y un menor volumen de la amígdala, el hipocampo, el núcleo caudado y el cerebelo. También se han encontrado alteraciones funcionales relacionadas con el hipometabolismo en áreas asociadas a la cognición social [5]. Tampoco los estudios neuropsicológicos han encontrado un perfil similar entre las personas con SA evaluadas. Es habitual encontrar un patrón de desarrollo disarmónico en el que destacan numerosas destrezas, como puede ser la memoria visual y verbal o la amplitud de vocabulario, que contrastan con dificultades importantes, principalmente en los ámbitos del funcionamiento ejecutivo y de la cognición social. Así, tienen alteraciones relacionadas con la flexibilidad cognitiva, la generación de soluciones alternativas ante un mismo problema, la inhibición de respuestas irrelevantes y la atención sostenida, con tendencia a la distracción según la motivación hacia la tarea, además de mostrar problemas para la interacción social y la reciprocidad emocional [5]. Es habitual también observar un perfil en el que las habilidades intelectuales verbales son superiores a las manipulativas y problemas con la coordinación motora fina [4]. Las alteraciones en las habilidades pragamáticas del lenguaje y para la toma de decisiones y juicios sociales son características del SA. A pesar de las dificultades diagnósticas, los graves problemas funcionales de los niños que presentan este conjunto de síntomas hace necesario centrarse en la descripción de las dificultades y necesidades individualizadas de cada caso particular, con el objetivo de diseñar una intervención precoz, multidisciplinar y lo más ajustada posible a cada uno de ellos. 

Referencias bibliográficas

  1. Asperger, H. (1944). Die ‘autistischen Psychopathen’ im Kindesalter. Archiv für Psychiatrie und Nervenkrankheiten 117, 76–136.
  2. Hill, E., y Frith, U. (2004). Understanding autism: insights from mind and brain. En: Frith y Hill (eds.), Autism: Mind and Brain. Oxford: Oxford University Press.
  3. Martín Borreguero, P. (2004). El síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Madrid: Alianza Editorial.
  4. Miller, J. N., y Ozonoff, S. (2000). The external validity of Asperger disorder: lack of evidence from the domain of neuropsychology. Journal of Abnormal Psychology 109, 227-238.
  5. Montes Lozano, A., y Bembibre Serrano, J. (2015). Síndrome de Asperger. Suspenso en recreo. En Neuropsicología Infantil a través de Casos Clínicos (Arnedo, Montes, Bembibre, Triviño, coord.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  6. Núñez, M., y Rivière, A. (2001). Una ventana abierta hacia el autismo. Revista Española sobre Discapacidad Intelectual 32, 193, 25-39.
  7. Wing, L. (1981). Asperger’s syndrome: a clinical account. Psychological Medicine 11, 115-119.
  8. L., y Gould, J. (1979). Severe impairments of social interaction and associated abnormalities in children: epidemiology and classification. Journal of Autism and Developmental Disorders 9, 11-29

Artículo publicado en https://hablemosdeneurociencia.com/sindrome-de-asperger-2/

COVID 19: RECOMENDACIONES PSICOLÓGICAS PARA AFRONTAR LA INCERTIDUMBRE Y EL AISLAMIENTO

Ilumina Psicología

Nos enfrentamos a una situación mundial sin precedentes conocidos. Una situación, además, que puede llegar a poner en riesgo la vida de las personas. Una situación que va cambiando día a día y que nos hace imposible predecir qué va a pasar o cuándo va a terminar. Además del desafío para el sistema sanitario y para la economía mundial, el coronavirus pone a prueba nuestra fortaleza psicológica para enfrentarnos a lo que está sucediendo en el mundo.

Hay personas que niegan la importancia de la pandemia y siguen haciendo su vida habitual. Otras experimentan ansiedad y miedo, se auto observan en busca de síntomas, que muchas veces aparecen y son psicosomáticos, o no paran de buscar información en los diferentes medios sobre el virus. Otras piensan que no les va a afectar a ellas y ponen sus necesidades personales por encima de las de la sociedad. 

Hoy, más que nunca, es necesario tomar conciencia de que somos una unidad, de que lo que hagamos cada uno nos afecta a todos, y ser responsables, no solo por nosotros, sino por el resto de la humanidad. 

Pero, ¿cómo afrontamos nuestras emociones y preocupaciones que surgen cuando la ansiedad y el miedo nos invaden? ¿Cómo gestionamos la desesperación de pasar días encerrados en casa, solos o con nuestras familias, sin saber muy bien qué hacer? ¿Cómo hacemos para asumir el cambio en nuestras rutinas y la ruptura de los planes que teníamos organizados?

Lo primero, es importante tener presente el objetivo final de quedarnos en casa: lo hacemos por un bien común, es importante lo que hacemos cada uno, somos importantes y la humanidad nos necesita para cumplir esta misión. No es banal que me lo salte. No podemos pensar que lo tienen que hacer los demás y nosotros no. Todos importamos. Lo que tú hagas importa. Sí, tú. Eres responsable.

Una vez lo tengamos bien presente, tenemos que preparar una rutina para estos días. Las crisis son también oportunidades y ahora tenemos una muy buena para hacer cosas que normalmente no tenemos tiempo para hacer:

  • Estar con la familia y con nosotros mismos
  • Hacer tareas de casa pendientes, como limpiar u ordenar armarios
  • Leer, escribir, pintar, escuchar música, bailar…
  • Pasar tiempo con nuestros hijos y jugar a los juegos de siempre
  • Hablar por teléfono con amigos y cuidarnos entre nosotros
  • Hacer ejercicio físico en casa
  • Meditar

Cuidarnos, porque hablan de que esta es una crisis de cuidados. Es una crisis de no preocuparnos porque el virus solo afecta a los mayores. Es una crisis de no saber qué hacer 24 horas con nuestros hijos en casa. Es la crisis de los besos y los abrazos. Es la crisis de la responsabilidad.

Tenemos que cuidar también nuestros pensamientos y nuestra higiene. Y con higiene no solo me refiero al lavado de manos. Estoy hablando de autocuidado, de hábitos de higiene mental. Estoy hablando de vigilar lo que pensamos y lo que nos decimos a nosotros mismos. De ser conscientes de lo que nos hace mal y no hacerlo. Por ejemplo, si ver demasiadas noticias sobre el coronavirus nos genera ansiedad, detectarlo y dejar de hacerlo. De planificar en nuestras rutinas actividades que sepamos que nos benefician, ya sea física, como el deporte, o emocionalmente, como aquellas que nos hacen sentirnos bien.

¿Y las preocupaciones? Estamos en un escenario en el que preocuparse entra dentro de lo racional. Es algo nuevo, incierto, que no sabemos a dónde nos va a llevar. Nos genera miedo. Y está bien, porque el miedo nos ayuda a protegernos. Nos hace acordarnos de lavarnos las manos, de evitar aglomeraciones, de seguir las recomendaciones sanitarias. Sin miedo nos expondríamos innecesariamente a situaciones de riesgo y, recordemos, no solo nos expondríamos a nosotros, sino a muchas personas más a las que podríamos contagiar. 

Aunque nos ayuda, no podemos dejar que nos invada y se intensifique hasta tal punto que actuemos con pánico o que el miedo nos paralice. Tenemos que apelar a nuestra racionalidad, a pensamientos que nos tranquilicen, a valorar cada riesgo en su justa medida y a responsabilizarnos de nuevo, tomando medidas para minimizarlos dentro de lo que esté en nuestra mano. Es importante tener un espacio para hablar o escribir sobre ello. Situaciones relacionadas con la muerte, propia o de nuestros allegados, pueden crear un trauma que nos condicione en nuestra vida futura.

Si aún tomando estas medidas sentimos que necesitamos ayuda para sobrellevar esta situación, en Ilumina Psicología prestamos atención psicológica on line para que puedas higienizar tus pensamientos y emociones desde tu casa. Para solidarizarnos con las personas a las que la pandemia está ocasionando más problemas y sufrimiento, ofrecemos un 20% de descuento sobre los precios habituales mientras dure esta situación.

¡No lo pases solo! ¡Pide ayuda si la necesitas!

#yomequedoencasa #psicologia #covid19 #coronavirusyansiedad #psicologaonline #psicologiaonline

info@iluminapsicologia.com

690 157 332

La importancia del lenguaje

Ilumina Psicología

Lenguaje y pensamiento

El estudio de la relación entre el lenguaje y el pensamiento es un clásico en Psicología. Y es que el lenguaje no es solo una herramienta para comunicarnos entre nosotros. También es el vehículo del pensamiento, que nos permite, además, regular nuestro comportamiento y nuestras emociones.

¿Qué ocurre con el lenguaje que nos dirigimos a nosotros mismos? ¿Te has parado alguna vez a observar cómo te hablas a ti mismo y qué tipo de palabras utilizas? ¿Eres amable contigo mismo o te tratas con exigencia cuando no te sale algo como habías planeado?

Es fácil imaginar las consecuencias de tener una voz interna, crítica e intransigente, durante veinticuatro horas machacándonos desde dentro, juzgando todo lo que hacemos, dudando y tratándonos, incluso, con crueldad. ¿Cómo te sientes cuando te hablas a ti mismo de esta manera? ¿Permitirías que alguien te hablase como te hablas a veces a ti mismo? ¿Hablarías a otra persona igual que a veces te hablas a ti?

Puede ser difícil cambiar nosotros mismos la manera que tenemos de hablarnos, ya que este lenguaje es en su mayor parte automático. La psicoterapia nos puede ayudar si creemos que solos no vamos a poder.

Os dejo un artículo donde se reseña un libro que habla sobre el lenguaje y su relación con los pensamientos. También sobre la ira y nos ofrece alguna técnica para poder gestionarla y atajar sus consecuencias. Y sobre el silencio como castigo, que es uno de los peores daños que podemos hacer a quiénes nos quieren, especialmente a los niños.

Castigar a alguien con nuestro silencio le transmite implícitamente a esa persona que no nos importa, que no la vemos, que, para nosotros, ha dejado de existir. Si ya de adultos nos cuesta gestionar una situación así, ¿os imagináis cómo se puede sentir un niño cuando uno de sus padres, sus figuras de referencia, deja de hablarle? ¿Crees que dejando de hablar a un niño va a corregir su comportamiento? ¿O quizá tendrá consecuencias en su autoestima y a nivel emocional?

Como dice Luis Castellanos, autor del libro reseñado en el artículo: «Castigar con el silencio es más peligroso que con palabras. El silencio es asesino, y se hereda de padres a hijos. Es un pozo sin fondo porque cuando se intenta salir ya no hay marcha atrás, se trata de un camino sin retorno cierto. Pertenece a la familia de la ira, pero puede ser más dañino que ella».

Artículo completo

La ventana de Johari

Ilumina Psicología

Me gusta explicar lo que ocurre en una psicoterapia recurriendo a la ventana de Johari. Con este nombre se hace referencia a una herramienta diseñada por Joseph Luft y Harry Ingham que, como su nombre indica, tiene forma de ventana. En realidad es un gráfico con dos ejes en el que el horizontal representa lo que sé y no sé de mi mismo y el vertical lo que los demás saben o no saben de mí. De este modo se forman cuatro cuadrantes que corresponden a las siguientes áreas:

Sigue leyendo

¿Es bueno aburrirse?

Ilumina Psicología

¿Aburrirse es beneficioso o perjudicial para nosotros? ¿Te aburres a menudo? ¿Qué es lo que haces cuando te aburres?

El aburrimiento es un estado que tiende a percibirse como desagradable y que intentamos evitar por todos los medios. Actualmente es sencillo llenar nuestro tiempo con smartphones, ordenadores, televisiones, etc. ¿Cuánto tiempo al día pasas sin hacer realmente nada?

Sigue leyendo

¿Por qué los niños hablan solos?

Ilumina Psicología

No es extraño ver a un niño hablando solo mientras hace un puzzle, mientras dibuja o mientras juega. Incluso nosotros, como adultos, nos encontramos a veces hablándonos en voz alta cuando estamos solos y concentrados en algo. ¿Cuál es el motivo por el que hacemos esto? ¿Es una simple manía o estas palabras dirigidas a nosotros mismos tienen alguna utilidad? Sigue leyendo